Era nuestra segunda cita, decidí invitarlo a mi casa ya que mis padres no iban a estar, él se portaba muy lindo conmigo era muy caballeroso, estábamos platicando reíamos, yo estaba sentada en un sillón y él frente a mí en una silla que era la que utilizaba para mi computadora de escritorio, de esas que tienen llantas y son cómodas.
Nos mirábamos, las risas nerviosas comenzaron y en una de esas nos besamos, nuestro primer beso, primero nos dimos un pequeño beso apenas rosando nuestros labios y comenzamos así un beso tras otro, hasta que comenzamos a meter las lenguas en nuestras bocas, que besos tan deliciosos.
Era un poco incómodo que estuviéramos sentados en diferentes lugares, fue entonces cuando decidí sentarme sobre sus piernas en la silla, primero estaba de lado besándolo, pero esa posición era incomoda así que mejor me puse de frente, con mis piernas abiertas, me prendí un poco en esta posición y supongo que él también, continuábamos besándonos, los besos cada vez eran más intensos, nuestras lenguas tocándose una y otra vez, su lengua recorriendo mi boca, sus manos sobre mi espalda apretándome hacia él, y yo mojándome cada vez más, así como estaba sentada podía sentir su pene cerca de mi concha, se me antojaba tanto que estuviera dentro de mí, de tan solo imaginarlo salía más flujo de mi vagina.
Continuamos con los besos apasionados, él tocaba toda mi espalda recorriéndola con caricias suaves y deliciosas que me hacían estremecer, en eso se separó de mí y beso uno de mis senos, me sorprendí tanto y pensé con enojo que era un atrevido que apenas era nuestra segunda cita, pero la calentura pudo más que la cordura, porque a pesar de haber besado mi seno sobre la ropa, me excite tanto, mi concha se llenó aún más de jugos, supuse que hasta mi pantalón ya se había mojado, y ante esto comencé a tocar su pene sobre el pantalón, lo tocaba una y otra vez, que delicioso era sentir como se iba poniendo erecto y él recorriendo todo mi cuerpo besando mis senos y tocando mi concha sobre la ropa, mi clítoris poniéndose erecto, y su pene durísimo listo para penetrar mi jugosa vagina, en eso estábamos cuando se escuchó la puerta, era mi familia que ya había regresado del viaje, sabia la hora que iban a llegar pero el tiempo se pasó tan rápido y estaba tan entretenida que nunca me fije en la hora, yo me fui al sillón, y él se quedó en la silla, no sé cómo le hizo para que su pija dejara de estar erecta, así que saludamos a mi familia y nos quedamos con las ganas y eso no fue lo peor de todo, lo peor es que solo fue un excitante sueño, ¡si un sueño!, al fin mi primer sueño erótico, siempre había querido tener uno y por fin se me hizo, no fue como yo pensé pero excitante si lo fue, este sueño para ser exactos lo tuve hace dos semanas.
Amanecí con mi braguita mojada con mis flujos, estaba excitada mire y ahí estaba la silla en mi cuarto, creo que mi hermana la había llevado, que buena hermana, ella ya se había ido, así que tenía el cuarto y la silla para mi solita, puse una almohada sobre la silla, y me senté mirando hacia el respaldo, imagine que estaba con él, de nuevo comencé a mojarme acariciaba el respaldo de la silla como si fuera su espalda, y comencé a frotar mi concha en la almohada, hacia adelante y atrás, luego movimientos circulares, primero era lento el meneo sobre la almohada, después fui incrementando el ritmo, mi cuerpo todo sudado y sintiendo placer, imaginaba sus manos sobre mi cuerpo, recorriendo mi espalda, tocando mi clítoris, me imaginaba su pija dentro de mí, penetrándome fuerte con vigor, todo esto hacia que me excitara más y más, mi cuerpo comenzó a sentirse tenso, incremente el ritmo sabía lo que iba a pasar, y lo inevitable sucedió, un maravilloso orgasmo apareció, me sujete de la silla, mi espalda arqueo un poco hacia atrás, casi se me sale un gemido, recordé que estaban mis padres así que mordí mis labios para no gritar de placer, me seguía moviendo en la almohada hasta que deje de sentir el orgasmo, termine por fin, pude terminar lo que no termine en mi sueño, me encanto montar mi almohada, termino bien mojada la tuve que lavar después.
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